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MENTOR

Revista de Investigación Educativa y Deportiva

 

 

 

 

Volumen 5  

 

2026

Número

Especial 5

 


 

 

 

Director: Ph.D. Richar Posso Pacheco

Email: rjposso@revistamentor.ec

Web: https://revistamentor.ec/

 

 

Editora en Jefe: Ph.D. Susana Paz Viteri

Coordinador Editorial: Ph.D. (c) Josue Marcillo Ñacato

Coordinadora Comité Científico: Ph.D. Laura Barba Miranda

Editorial Supervisor: Ph.D.  Isidro Lapuente Álvarez)

Coordinadora Comité de Editores: Msc. María Gladys Cóndor Chicaiza

Coordinador del Consejo de Revisores: PhD. Javier Fernández-Rio


Original

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El contenido generado por IA puede ser incorrecto.Subjective Meanings of Gender among Students at the Faculty of

Psychology of the Universidad Veracruzana

 

Sentidos subjetivos de género en estudiantes de la Facultad de

Psicología de la Universidad Veracruzana

 

 

 

 

Karima Oliva Bello 1

ORCID: https://orcid.org/ 0000-0003-2642-6600

                                                                                                                                       

 

 

 

 

 

 

Universidad Veracruzana, Facultad de Psicología. Xalapa-México 1

 

 

 

 

 

 

 

Autor de correspondencia

koliva@uv.mx

 

 

 

 

 

 

 

Recibido: 08-09-2026                                

Aceptado: 19-10-2026

Disponible en línea: 20-10-2026

 


 

Abstract

Against the background of studies on the state of gender equality at the Universidad Veracruzana, this research project aimed to understand the subjective gender meanings of undergraduate students from the Faculty of Psychology at the Universidad Veracruzana. A qualitative study with a grounded theory design was conducted. A total of 62 students participated in focus groups using a maximum variation sample, and subsequently, 4 students selected based on the initial findings participated in in-depth interviews. Open and axial coding were performed for qualitative data processing. Sociocultural mediators linked to the formation of subjective meanings attributed to gender, significations, and emotions were identified, highlighting interesting contrasts between women and men. The findings can serve as input for future training actions.

Keywords: gender, significations, emotions, sociocultural mediators.

 

Resumen

Con el antecedente de los estudios sobre el estado que guarda la igualdad de género en la Universidad Veracruzana, el presente proyecto de investigación tuvo como objetivo comprender los sentidos subjetivos de género de estudiantes de pregrado de la Facultad de Psicología de la Universidad Veracruzana. Se realizó un estudio cualitativo con un diseño de teoría fundamentada. Participaron 62 estudiantes en grupos focales mediante una muestra de máxima variación y, posteriormente, 4 estudiantes seleccionados a partir de los hallazgos iniciales participaron en entrevistas en profundidad. Se realizaron codificaciones abierta y axial para el procesamiento de los datos cualitativos. Se identificaron mediadores socioculturales vinculados con la conformación de los sentidos subjetivos atribuidos al género, significaciones y emociones que ponen de relieve interesantes contrastes entre mujeres y hombres. Los hallazgos pueden servir como insumo para futuras acciones formativas.

Palabras clave: género, significaciones, emociones y mediadores socioculturales. 

 

Introducción

La presente investigación se inscribe dentro del campo de los estudios de género en México, en donde las universidades han tenido la necesidad de producir modelos epistémicos y vocabularios analíticos que den cuenta de la realidad (Buquet Corleto et al., 2020) a partir de un conocimiento propio, local y situado (Haraway, 1988 como se citó en Buquet Corleto et al., 2020).

El género se define como la construcción social de las diferencias sexuales (Scott, 2008), tomando en cuenta que la diferencia sexual no constituye en sí misma un hecho solamente anatómico, pues su construcción e interpretación es un proceso histórico y social (Benhabib 1992 como se citó en Lagarde, 1996). Hombres y mujeres sintetizan y concretan en la experiencia de sus propias vidas el proceso sociocultural e histórico que los define como tales, a partir del uso del lenguaje y de un sistema de influencias sociales de todo tipo, a través de su pertenencia a una familia y generación específicas, situadas en un época y nación determinadas (Lagarde, 1996).

Más allá de las divergencias, hoy los estudios de género coinciden en algunos aspectos fundamentales: el carácter sociohistórico del sistema sexo-género (Rubin, 1975), la violencia estructural que subordina a las mujeres (material y subjetivamente), y la necesidad de deconstruir este orden. Siendo así, Scott (2008) señala que el género sirvió como instrumento de análisis para poner en cuestión los significados de las categorías “hombre” y “mujer”, permitió comprender cómo se crearon e impusieron las normas que regulan los roles de género y cómo desde la construcción de la masculinidad y la feminidad se configuraron las relaciones de poder y el acceso a los derechos.

Sin embargo, la propia autora nos alerta de que el género fue perdiendo el filo crítico que otrora tuvo, en la medida en que los estudios que supuestamente realizan un análisis de género terminan siendo descripciones predecibles sobre las diferencias de estatus u oportunidades entre hombres y mujeres, sin que se analice en profundidad cómo se han fijado los significados de “hombre” y “mujer” y cómo han sido vividos subjetivamente, con todas las contradicciones que esto implica, haciéndose evidentes en diversos regímenes de verdad (Scott, 2008).

En la Universidad Veracruzana, la producción científica reciente a tono con las directrices institucionales ha priorizado los enfoques estadísticos en los estudios de género. Esta inclinación metodológica responde al impulso y la consolidación de instancias como la Coordinación de la Igualdad de Género o el Observatorio de Igualdad de Género (OIGUV), las cuales priorizan el monitoreo de brechas institucionales para la toma de decisiones y el diseño de políticas universitarias. Como Guzmán-Acuña (2017) refiere, la construcción de datos estadísticos en los estudios de género es de gran importancia, ya que permite medir y evaluar la situación de las mujeres, como un instrumento para visibilizar, construir políticas y avanzar hacia la igualdad de géneros.

La Coordinación de la Unidad de Género de la Universidad Veracruzana diseñó y desarrolló un sistema de indicadores de género y de categorías analíticas desde una perspectiva de derechos humanos, con la finalidad de dotar de instrumentos teórico - metodológicos que posibilitaran conocer el estado de la materia en la institución educativa (Coordinación de la Unidad de Género, s.f.; López-Lara y Flores-González, 2022). En este contexto se han llevado a cabo estudios para medir la paridad de género, la segregación horizontal y vertical en la plantilla docente y la matrícula estudiantil (López-Lara y Flores-González, 2022).

Otras investigaciones se han propuesto analizar los porcentajes de sobrecarga de trabajo no remunerado y doméstico asumidos por mujeres docentes y estudiantes durante y tras la contingencia sanitaria (López-Lara y Flores-González, 2024) y evaluar la frecuencia con la que el estudiantado de la Universidad Veracruzana ha sufrido o presenciado agresiones en entornos virtuales, reportando métricas específicas, como el grado de exposición a comentarios homofóbicos (López González et al., 2023), entre otros temas.

En un diagnóstico realizado por la Coordinación de la Unidad de Género de la Universidad Veracruzana, como parte del Plan de Desarrollo de las Dependencias (2021-2025), se identificaron como problemáticas el incremento de las quejas por violencia de género no atendidas o revictimizadas, la resistencia a transversalizar la perspectiva de género por parte de algunas autoridades, la persistencia de una cultura machista e índices de violencia de género, la resistencia a la erradicación de prácticas violentas, así como la protección a los agresores por parte de algunas autoridades y de los representantes sindicales (Coordinación de la Unidad de Género, 2022).

Si bien estos estudios sociodemográficos y diagnósticos son indispensables para mapear la magnitud de las inequidades y visibilizar patrones estructurales dentro de la universidad, también son de gran importancia los estudios que se centran en el análisis de las subjetividades. Investigaciones enfocadas en las representaciones del estudiantado revelan que las políticas institucionales de género a menudo tienen un impacto superficial si no se conectan con las experiencias de los estudiantes y lo que tiene sentido para ellos (Castro Franco y Carmona Parra, 2025).

En este sentido, muchas investigaciones apelan a la subjetividad como una categoría que permite dar cuenta de formas de percibir y vivenciar el género que no se corresponden exactamente con los roles binarios fijados en las sociedades patriarcales (Gariglio, 2019; Martínez-Labrín y Bivort-Urrutia, 2014; Gutiérrez Domínguez, 2015; Cerri, 2010; Meler, 2002). 

El psicólogo cubano Fernando González Rey propone el concepto de sentidos subjetivos para abordar la subjetividad desde una perspectiva histórico-cultural, definiéndolos como la integración indisoluble de procesos emocionales y simbólicos que emergen en el transcurso de las vivencias del individuo. Constituyen producciones dinámicas que configuran la forma única en que cada persona experimenta, dota de significado y se posiciona frente a su realidad social. Estos sentidos se estructuran en configuraciones subjetivas estables, pero en permanente transformación, orientando el comportamiento del sujeto sin que este se encuentre determinado de manera lineal por el entorno (González Rey, 2010).

Esta categoría resulta compleja en tanto supera las dicotomías entre lo cognitivo y lo afectivo, o lo individual y lo social. En su lugar, propone analizar los diversos procesos mediante los cuales la realidad cobra sentido para el sujeto, integrando la relación dialéctica entre su trayectoria, su presente y su proyección futura.

Los sentidos subjetivos de género refieren a la significación singular que el género posee para el individuo con una importante carga emocional. Esta integración simbólico-emocional en torno al género se ha ido constituyendo como efecto de la historia de vida del sujeto y sus propias experiencias, en la que mediadores socioculturales relevantes, como pueden ser la familia, la escuela, los medios de comunicación, la iglesia, entre otros, han jugado un papel fundamental.

En el contexto universitario actual, la consolidación de espacios seguros, equitativos y libres de violencia exige ir más allá de la formulación de normativas. Para que las políticas de igualdad de género sean realmente eficaces, deben fundamentarse en el estudio del sentido que el género tiene para el estudiantado. Solo al comprender las vías a través de cuales las y los estudiantes significan su realidad y se posicionan ante ella, la institución podrá articular estrategias de intervención con verdadero arraigo y propiciar un diálogo intergeneracional transformador. Nuestras miradas como mujeres adultas, académicas, con un tejido de lecturas, saberes y experiencias desde donde interpretamos el sistema de violencias estructurales que nos sujeta, no puede ser el único punto de referencia para impulsar política y promover la formación de conciencias críticas en las nuevas generaciones de mujeres y hombres.

Siendo así, el objetivo de este proyecto fue comprender los sentidos subjetivos de género en estudiantes de pregrado de la Facultad de Psicología de la Universidad Veracruzana. Para ello, se atendió tanto a las significaciones y emociones con que se representa y experimenta el género, como a los mediadores socioculturales que han intervenido en su constitución.

 

Metodología

La investigación se llevó a cabo dentro del paradigma cualitativo, con perspectiva de género, a través de un diseño de teoría fundamentada. Se eligió la teoría fundamentada por la naturaleza de la categoría sentidos subjetivos, ya que permite comprender los fenómenos a partir de las narrativas, representaciones, afectos y vivencias de los propios sujetos (Glaser y Strauss, 2006). Este enfoque posibilita captar la complejidad y singularidad de la experiencia subjetiva en torno al género.

Para explorar los sentidos subjetivos se tomaron en cuenta las siguientes dimensiones:

1.      Significaciones: Son los significados, interpretaciones y construcciones simbólicas que las personas otorgan a una realidad, concepto o rol (en este caso, el género). Representan el marco cognitivo y cultural a través del cual los sujetos comprenden qué significa ser hombre o mujer, estructurando expectativas, mandatos y normas sociales que se interiorizan e interpretan de manera personal.

2.      Emociones: Son las respuestas afectivas, vivencias y estados psicológicos que experimentan los sujetos al relacionarse con los roles de género y las expectativas sociales.

3.      Los mediadores socioculturales: instituciones y agentes sociales a través de los cuales se transmiten, internalizan y reproducen los valores, normas, estereotipos y expectativas culturales que moldean la comprensión y vivencia del género en una sociedad determinada.

El estudio contó con dos fases, una primera fase de desarrollo de grupos focales. Se realizaron 4 grupos focales, de 2 sesiones cada uno, para un total de 8 sesiones. En el primer grupo participaron 15 estudiantes de ambos géneros (10 mujeres y 5 hombres), en el segundo 15 estudiantes (12 mujeres y 3 hombres), en el tercero17 estudiantes (11 mujeres y 6 hombres) y en el cuarto 15 estudiantes (10 mujeres y 5 hombres). Las sesiones tuvieron una duración de dos horas y fueron coordinadas por un equipo de investigación conformado por la autora del presente artículo y 4 estudiantes de pregrado de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Veracruzana. Se grabaron íntegramente en formato de audio con el consentimiento de las (los) participantes y fueron transcritas para el análisis de contenido.

Para la conformación de los grupos focales se empleó un muestreo intencional de máxima variación (Patton, 2015), a través de una convocatoria abierta dirigida al estudiantado de la Licenciatura en Psicología, modalidad escolarizada, Región Xalapa. La incorporación inicial dependió de la respuesta voluntaria de los aspirantes, la selección final y distribución en los grupos se estructuró deliberadamente para asegurar la heterogeneidad de la muestra. Esta integración consideró los siguientes criterios: género (43 mujeres y 19 hombres), trayectoria académica (estudiantes de tercer y sexto semestre) y edad (un rango etario de 18 a 25 años), con el propósito de acceder a una mayor diversidad de experiencias y sentidos.

El tamaño final quedó constituido por un total de 62 participantes, organizados en sucesivos grupos focales. El cierre de la incorporación de nuevos grupos y participantes se determinó mediante el criterio de saturación teórica (Charmaz, 2014), el cual se evaluó de forma progresiva tras cada sesión de análisis preliminar, constatando el momento en que las narrativas sobre los sentidos de género comenzaron a replicarse sin aportar aspectos analíticos nuevos ni modificar las categorías emergentes.

Para profundizar en la narrativa que nos diera acceso a las experiencias personales y la dimensión emocional se realizaron entrevistas en profundidad. Se implementó una estrategia de muestreo intencional y teóricamente guiado para acceder a los participantes en la entrevista, que fueron seleccionados a partir de haber integrado inicialmente los grupos focales (Charmaz, 2014; Patton, 2015).

A partir de la codificación abierta y axial de las sesiones grupales, emergió una matriz analítica compuesta por 3 zonas de sentido primarias: 1) Significaciones, 2) Emociones, 3) Mediadores socioculturales. A partir de las significaciones se identificaron zonas de sentido que reproducen los modelos binarios de feminidad y masculinidad hegemónicas y otras que podemos identificar como sentidos polémicos o emancipatorios.

Estas 3 dimensiones funcionaron como criterios en la selección deliberada de cuatro casos tipos que ilustraban las particularidades con que fue construyéndose cada dimensión en el plano colectivo:

  1. Caso 1 (Dimensión: Significaciones): Seleccionado (hombre) por manifestar un cuestionamiento explícito a los roles binarios y un interés en torno al género no binario, constituyendo un punto de tensión frente a las feminidades y masculinidades hegemónicas emergentes en los sentidos del grupo e ilustrando sentidos subjetivos polémicos.
  2. Caso 2 (Dimensión: Significaciones): Seleccionada (mujer) por su postura reflexiva y la crítica a la feminidad hegemónica, el cuestionamiento del mandato social de la maternidad y la proyección de su futuro en clave de agencia, autonomía y derechos, configurándose como un caso idóneo para analizar los procesos de resignificación y los sentidos emancipatorios.
  3. Caso 3 (Dimensión: Emociones y mediadores socioculturales): Seleccionado (hombre) debido a que en el grupo focal expresó de forma explícita —aunque contenida— el malestar emocional y los costos afectivos asociados al mandato de la masculinidad, reflejo de sentidos subjetivos que polemizan los roles prestablecidos. También fue sobresaliente en su caso la identificación de la figura paterna como un referente clave en la constitución de su propia masculinidad, poniendo de relieve el papel de la familia como mediador sociocultural.
  4. Caso 4 (Dimensión: Emociones y Mediadores socioculturales): Seleccionada (mujer) por compartir una historia atravesada por violencias sistemáticas experimentadas en el entorno familiar y en el noviazgo, lo que permitió entender a la familia como uno de los mediadores más importantes en la configuración de sus sentidos subjetivos y el miedo como una de las emociones más nítidas vinculadas a la violencia sufrida y a su condición de género.

Para el análisis de los resultados se llevaron a cabo procesos de codificación abierta y axial, tanto de las entrevistas grupales como individuales.

La información recabada —compuesta por los registros y transcripciones textuales de los grupos focales y las entrevistas en profundidad— fue procesada mediante un análisis temático e inductivo de teoría fundamentada (Charmaz, 2014; Patton, 2015).

Las unidades de análisis quedaron definidas por los segmentos discursivos con significado autónomo (frases, intervenciones y relatos) en los que las y los participantes expresaron construcciones simbólicas, creencias, emociones e hicieron referencia a los mediadores socioculturales. El proceso de codificación fue realizado por la investigadora responsable del estudio con el apoyo del equipo de investigación y se articuló en tres fases consecutivas:

Los grupos focales y las entrevistas en profundidad fueron diseñados e implementados como dispositivos metodológicos que, de manera complementaria, permitieran articular un diálogo con las (los) participantes en la investigación en torno al eje temático significaciones, emociones y mediadores socioculturales. Las guías de entrevistas (grupales-grupo focal- e individuales) guardaron cierta unidad en torno al eje temático, con ajustes y adecuaciones que fueron hechos para cada dispositivo en particular.

El contraste entre las distintas fuentes se llevó a cabo mediante un diseño secuencial que permitió la triangulación de técnicas y datos (Patton, 2015):

La integración se operacionalizó construyendo una matriz de doble entrada donde las categorías grupales se cruzaron con los datos construidos a partir de las entrevistas, identificando cómo la experiencia personal matizaba, tensionaba o ratificaba las narrativas colectivas.

Para garantizar el rigor interpretativo y la confiabilidad del estudio, se aplicaron de forma rigurosa las siguientes estrategias (Lincoln y Guba, 1985):

Para complementar el análisis de las narrativas y acceder a los sentidos subjetivos a través de la proyección de aspectos simbólico-emocionales, se incorporó una técnica psicográfica en la primera de las sesiones de los grupos focales, consistente en diseñar sobre una silueta en blanco (imagen neutra que no representaba ni a hombre ni a mujer), los elementos que se considerasen constitutivos de una identidad de género seleccionada. En el marco de este estudio, el uso de la técnica psicográfica no tuvo un carácter diagnóstico ni de evaluación psicológica. Su objetivo fue movilizar la reflexión sobre la representación de las identidades de género y acceder a contenidos que, como las emociones o los malestares pudieran resultar difíciles de verbalizar directamente.

La actividad se desarrolló de forma individual previa a una discusión grupal sobre el contenido de los dibujos, con una duración aproximada de 15 a 20 minutos. Se proporcionó a cada participante material gráfico (hojas de papel con una silueta en blanco y plumones de diferentes colores), con las siguientes instrucciones:

“Les pedimos que elijan la identidad de género con la que se identifican y la representen de manera gráfica en la silueta, dibujando aquellos elementos que consideran que la caracterizan mejor. No se evaluará la calidad artística, sino el significado personal que le otorgan a los elementos, formas y colores dibujados”.

El análisis de las producciones psicográficas se articuló con el análisis de contenido de grupos focales y entrevistas (Rose, 2016), a partir de tres momentos:

  1. Posterior a la elaboración gráfica, cada participante presentó su producción ante el grupo focal, explicando el significado otorgado a los elementos del dibujo, sus colores y qué simbolizan.
  2. Se codificó no la imagen aislada, sino el significado de los elementos simbólicos en relación con la narrativa que el participante proyectó sobre su gráfico.
  3. Las unidades de sentido derivadas del análisis de las representaciones psicográficas se integraron en la matriz de codificación axial, para enriquecer la comprensión de las zonas de sentido exploradas.

 

Resultados

En los grupos focales fue recurrente la diferenciación entre sexo y género, expresada por las/los participantes mediante formulaciones como “el sexo es biológico, el género es social”.

Dentro del significado que las chicas atribuyen al género se identifican estereotipos femeninos directamente vinculados a la representación social de la mujer propia de las femineidades hegemónicas: se le concede peso al aspecto físico vinculado a la noción de mujer como objeto de deseo. Algunas coinciden en que “el pelo, por ejemplo, se sigue considerando como un elemento clave de la feminidad, tiene que llevarse largo, porque de lo contrario, se pueden cuestionar tu identidad de género e incluso tu orientación sexual”. A la par, varias estudiantes mencionan que el color del pelo también influye: “lo he tenido negro y también teñido de rubio, y cuando me lo tiño noto que el trato que me dan los hombres es diferente, como si les atrajera más”. Explica una estudiante, haciendo referencia a su propia experiencia de sentirse evaluada por clichés vinculados a su aspecto físico. 

Otros estereotipos femeninos aparecen vinculados al mandato social del cuidado del otro, la reclusión al mundo privado, la devaluación en el plano intelectual-profesional y las restricciones respecto a las oportunidades laborales.

Al mismo tiempo, entre las significaciones de los jóvenes prevalecen estereotipos masculinos vinculados al arquetipo de ser proveedores, el mandato social sobre el poder adquisitivo, el éxito, la trascendencia y la imposibilidad de expresar debilidad o sentimientos. “A mi edad mi padre dice que ya tenía casa propia, auto y estaba casado, sin embargo, yo sigo dependiendo de su mesada para merendar, ni pensar en tener casa propia”. Comparte un joven que expone la angustia que le genera no poder cumplir con el mandato social de ser “proveedor” y tener “poder adquisitivo”. Otros, por su parte, comparten la preocupación de sentirse en desventaja a la hora de “conquistar” a la chica que les agrada, por el hecho de no tener recursos económicos para costear salidas a mejores lugares.

Algunos chicos revelan el papel que hoy juegan las redes sociales como mediadores socioculturales en lo que se refiere al “aprendizaje” del rol masculino, citando incluso a influencers específicos que se han convertido en referentes asociados a discursos sobre autoestima, pareja y masculinidad.

Sin embargo, no son solo estereotipos lo que pueden categorizarse en la narrativa de los y las participantes. Se identificaron significaciones propias de sentidos emancipatorios en mujeres y hombres, entendidos estos como una ruptura en relación con los roles binarios fijados por las masculinidades y feminidades hegemónicas. Algunas  estudiantes hicieron referencia al género no binario como un “territorio neutro” que les llama la atención, mientras mostraron interés por las identidades disidentes o que rompen con el patrón binario.

En el grupo focal, cuando se aplicó la técnica psicográfica, varias dibujaron una identidad de género no binaria, combinando elementos simbólicos y accesorios que podían ser de un género u otro en la misma silueta. Al preguntárseles, argumentaron: “me agrada pensar en la posibilidad de salirse de roles tan viciados”, “estaría bien tener la libertad de experimentar lo que nos agrada de un género y otro, sin estar obligados a seguir un camino prestablecido”.

Otros significados enmarcados dentro de las zonas de sentidos emancipatorios presentes en las mujeres se vinculan al deseo de libertad, mientras los hombres mencionan la necesidad de solidaridad entre géneros, entendida como la apertura a tratar estos temas de conjunto para avanzar en el proceso de deconstrucción de sus propias masculinidades.

Entre los contenidos emocionales que los jóvenes relatan asociados a su condición de género se encuentran malestares como la “frustración”, el “miedo al fracaso”, el “estrés”, “problemas mentales” y la “depresión”. Otras vivencias también mencionadas fueron la “violencia física entre hombres”, “humillaciones públicas”, percepción de que “solo se atiende el malestar femenino” y la “presión social” por el desempeño económico y sexual.

“Entre los hombres el trato a veces es rudo”, “a mí me estereotipan por el color de mi piel, he entrado en tiendas en las que enseguida el personal de seguridad comienza a seguirme de manera hostigosa como si fuera a robarme algo o representara una amenaza para el resto de los clientes”, “genera cierta ansiedad cumplir con la expectativa de que el rendimiento de uno pueda ser el mejor o el esperado cuando intimas con una mujer”. Estas frases de los estudiantes ponen en perspectiva un panorama también desafiante para los hombres en lo referido a cómo experimentar la condición masculina.

Por su parte, los contenidos emocionales negativos que refieren las mujeres están asociados a la violencia psicológica y física en el noviazgo, la violencia sexual, económica, familiar y el acoso. “Tuve un novio que me revisaba el celular”, “me empujó en dos ocasiones hasta que tuve que dejarlo, pero fue muy doloroso que me tratara mal porque lo quería”, “quería prohibirme que usara shorts o sayas cortas”, “fiscalizaba con quien me reunía en mi tiempo libre”. Son algunas de las expresiones que alegan las jóvenes, poniendo de relieve que entre las experiencias negativas relatadas se identificaron situaciones de control, restricción de la vestimenta, vigilancia de relaciones sociales y agresiones físicas dentro del noviazgo

Otras refieren vivencias de acoso dentro del propio medio familiar como “tíos que te miran de manera lasciva si te ven que llevas ropa corta o escote” o “familiares hombres que hacen comentarios lascivos o misóginos”. Entre las emociones negativas vinculadas a su condición de feminidad están el miedo a la libertad, al abandono y a la maternidad. Sin embargo, de manera general, las emociones referidas por las jóvenes tienden a ser más positivas que las de sus compañeros, estando vinculadas a la resiliencia: “ser conscientes de la violencia a la que estamos expuesta nos da un sentido de fortaleza para sobreponernos”, “siento que es ambivalente, porque si bien experimento miedo, también me hace consciente de la necesidad de ser fuerte”. 

Otra categoría importante fue el reconocimiento de los mediadores socioculturales de la masculinidad hegemónica por parte de los propios chicos. Como tendencia, los estudiantes reconocen como una fuente de influencias muy importante la herencia cultural legada por padres y abuelos “machistas” que, desde edades tempranas constituyeron un referente de masculinidad, en cuanto a aspectos como, la “forma de vestirse”, la “represión de las emociones”, el “percibir a la mujer como objeto de deseo” y el mandato de “ser proveedores”. Ideas como “los hombres no lloran” o “cuando seas grande debes tener un buen empleo para que tengas tu propia familia”, formaron parte de los imaginarios colectivos normalizados en sus entornos familiares.

A la par, las chicas también reconocen la relación con sus padres y la identificación con las madres como factores claves en la constitución de sus identidades, reconociendo que ha sido un proceso complejo, lleno de contradicciones y tensiones intergeneracionales, en el cual las madres incluso llegan a replantearse su condición de género a partir de los cuestionamientos y la problematización que sus hijas colocan en el espacio familiar.

El sentido que el género reviste para las chicas a partir de sus propias experiencias de vida aparece en las narrativas muy asociado también al deseo: desean una “vida sin violencia”, poder establecer una “amistad sana con los hombres”, “inclusión”, “salarios justos”, “igualdad”, “crecimiento profesional” y “autonomía”, en sus propias palabras. Sin embargo, en el caso de los chicos las narrativas tienen una connotación emocional en el registro del miedo. Manifestaron su angustia en torno al “fracaso familiar”, envejecer “sin pensión” o convertirse en un “deudor de Coppel”, mencionan.

Entre las reflexiones compartidas, tanto en el grupo focal como en las entrevistas individuales, los estudiantes apuntan que la crisis económica condiciona el miedo que experimentan en cuanto a no cumplir con el mandato social de ser proveedores. Mientras, según la experiencia de las chicas, el hetero- patriarcado condiciona el miedo que experimentan respecto a la violencia.

Los hallazgos de los grupos focales fueron matizados y profundizados con los resultados de las entrevistas. En cuanto a las significaciones, en los grupos focales el estudiantado coincidió en señalar la persistencia de estereotipos y la necesidad de cumplir con el «deber ser» de cada género, sin embargo, la entrevista al Caso 1 permitió profundizar en la problematización de los roles binarios hegemónicos que también emergió en los grupos.

Mientras que en los dispositivos grupales el cuestionamiento se mantuvo en un plano más superficial, en la entrevista en profundidad el participante detalló el costo subjetivo de responder al mandato social que suponen los roles binarios y el interés por las identidades no binarias en su cotidianeidad: “llevo las uñas pintadas porque me agrada, como también pinté las de la silueta, no me siento mujer por eso, por qué pintarse las uñas tendría que ser un hábito exclusivamente femenino. Me quedo pensando cuántas cosas hacemos los hombres que pudieran ser cómodas o interesantes hasta estéticamente para las mujeres, qué de malo habría en intercambiar hábitos agradables o atractivos para un género u otro. Tener que comportarte todo el tiempo para cumplir con las expectativas que la sociedad tiene sobre ti es desgastante emocionalmente”.

La entrevista al Caso 2, permitió operacionalizar cómo las expresiones de resistencia colectiva dentro de las narrativas grupales se traducen en decisiones de vida singulares. Específicamente, el caso ilustra el cuestionamiento al mandato social de la maternidad y la reconfiguración de la proyección futura en clave de autonomía y derechos. Cuenta la joven que aunque no niega la posibilidad de maternar, no está “segura de que desee ser madre”, teme pensar en ello “por las condiciones tan difíciles que se viven hoy y porque planes de desarrollo profesional y personal que interferirían con una maternidad responsable”.

En lo que respecta a las emociones y los mediadores socioculturales, mientras que en la sesión grupal la vulnerabilidad fue expresada por los chicos de forma acotada y defensiva, la entrevista en profundidad permitió ahondar en el malestar asociado a los mandatos de la masculinidad y los factores que han condicionado su constitución. Para el Caso 3, ha sido en el entorno familiar donde ha encontrado los referentes más importantes en los que se ha apoyado para representarse su masculinidad. Sin embargo, reconoce que la época de sus padres fue otra y “tener que seguir cumpliendo con las expectativas de un alto desempeño económico por el hecho de ser hombre, en un momento en el que el mercado laboral está precarizado para todos, es un peso enorme” que a menudo lo angustia.

En el Caso 4, por su parte, la familia también constituye un mediador sociocultural privilegiado, en donde introyectó las pautas de la feminidad en medio de situaciones de violencia. El miedo ha sido uno de los contenidos emocionales más presentes en el sentido que reviste para ella el género. En los grupos focales, la violencia fue abordada principalmente como un fenómeno estructural, sistémico e institucionalizado, mientras la entrevista en profundidad permitió pasar del reconocimiento de la violencia institucional a la violencia sistemática experimentada como parte de la historia de vida personal en el entorno familiar y su articulación con el miedo.

 

Discusión

Los resultados de la presente investigación no difieren de investigaciones recientes sobre género en el ámbito universitario en México que evidencian que los espacios de educación superior funcionan como escenarios dinámicos donde conviven la persistencia de mandatos tradicionales y la emergencia de discursos críticos (Mingo, 2024; Connell y Messerschmidt, 2005; Viveros Vigoya, 2016). Este fenómeno se ha intensificado notablemente en los últimos años, impulsado por la consolidación de la llamada «primavera feminista universitaria» y la formalización de políticas institucionales de equidad (Romo Romo et al., 2025; Romero y Mejía, 2026).

Las mujeres se muestran en una actitud más favorable respecto al cambio y a su futuro. Una posible interpretación es que la disponibilidad social de discursos feministas pueda proporcionar marcos simbólicos para cuestionar roles tradicionales; sin embargo, el presente estudio no evaluó de manera directa la exposición ni apropiación individual de dichos discursos, por lo que esta explicación debe considerarse provisional.

En algunos testimonios masculinos aparecieron malestares subjetivos asociados a las expectativas de provisión económica, desempeño y expresión emocional, que requieren ubicarse dentro del marco de los mandatos de masculinidad reportados por los propios participantes. Esto se puede interpretar como efecto de la ausencia de referentes construidos socialmente para la deconstrucción de las masculinidades hegemónicas. En todo caso, confirma los hallazgos de Cubillas Rodríguez et al. (2016) en una investigación sobre los estereotipos de género presentes en jóvenes universitarios del norte de México, en la cual “un porcentaje importante de estudiantes considera que para “los hombres es prioritario en la vida tener una casa y un carro”, creencia que se relaciona con el papel productivo adjudicado culturalmente a los varones y que contiene atributos como la posesión de bienes que garantice su rol de buen proveedor” (p. 222).

En los discursos masculinos analizados fueron menos visibles marcos explícitos de resignificación de la masculinidad que permitieran cuestionar de manera estructurada los mandatos tradicionales. Sierra-Martínez et al. (2026) informa, como parte de una investigación sobre actitudes y comportamientos hacia los roles de género entre estudiantes universitarios en universidades españolas, que, a pesar de que las universidades han desarrollado planes y protocolos de igualdad de oportunidades (similar a como acontece con las universidades mexicanas), persisten diferencias significativas entre las actitudes y el comportamiento manifestados por hombres y mujeres, presentando el alumnado masculino más sexismo que el femenino tanto en aspectos laborales como sociofamiliares.

Es poca la comunicación entre mujeres y hombres en torno a cómo cada grupo percibe los roles de género y sus implicaciones para los vínculos entre unos y otros. Al mismo tiempo, el género no binario se presenta como un horizonte de curiosidad y búsqueda. Las referencias a identidades no binarias mostraron interés por formas de expresión que desbordan roles tradicionales; no obstante, el estudio no permite establecer una motivación única para ese interés.

 

Conclusión

El estudio permitió identificar que los sentidos subjetivos de género se configuraron mediante la articulación de significados y emociones vinculadas con la historia personal y social de las y los participantes, en las que coexistieron estereotipos asociados a feminidades y masculinidades hegemónicas con sentidos orientados a su cuestionamiento y resignificación.

Los hallazgos pueden constituir un insumo contextual para el diseño posterior de acciones formativas sobre género, siempre que dichas acciones sean desarrolladas y evaluadas específicamente en investigaciones posteriores.

En los relatos analizados, tanto mujeres como hombres describieron malestares vinculados con mandatos tradicionales de género, aunque las experiencias expresadas fueron diferentes según su posición y trayectoria personal.

El heteropatriarcado es un sistema que no se puede sostener sin el ejercicio de una gran dosis de violencia que, si bien históricamente ha afectado de manera directa a mujeres y otros grupos discriminados, cobra un alto costo también para sectores de hombres que no se identifican ya con el patrón cisgénero heterosexual que, aun identificándose, desean vivir su identidad sexo-genérica al margen de los mandatos que suponen las masculinidades hegemónicas o se encuentran en el proceso de querer deconstruirlos.

 

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Financiación

Los autores no recibieron financiación para el desarrollo de la presente investigación.

Conflicto de Intereses

Ninguno.

Contribución de Autoría:

Conceptualización: Karima Oliva Bello.

Curación de datos: Karima Oliva Bello.

Análisis formal: Karima Oliva Bello.

Investigación: Karima Oliva Bello.

Metodología: Karima Oliva Bello.

Administración del proyecto: Karima Oliva Bello.

Recursos – Materiales: Karima Oliva Bello.

Redacción – borrador original: Karima Oliva Bello.

Redacción – revisión y edición: Karima Oliva Bello